Este año la firma que usted fundó cumple medio siglo, ¿qué recuerdos guarda de sus inicios?
Nací en el 32, con todo el jaleo de la Guerra y la Posguerra y no había nada. Empecé con mi cajita de zapatos llena de recortes de una modista que vivía en mi casa y hacía trajecitos, pero de fantasía todo, vestía a las muñecas de disfraz, de época y a la gente le encantaba. Era jugando pero era lo que yo sentía. Como a aquellos muñecos de barro se les partían los brazos, yo hacía hasta la muñeca de trapo toda entera.
Empecé con diez años a coser, cosía de todo, batones de niño, camisas, lo que fuera. Como vivíamos junto al Guajiro (mítico tablao flamenco de la época) le empecé a coser a las artistas, allí empezó Manuela Vargas, Matilde Coral y todas eran clientas mías.
Era mi ilusión y, gracias a Dios, todas las artistas a las que me hubiera gustado vestir han entrado por esa puerta.
Creo que su marido tuvo mucho que ver…
Francisco y yo éramos vecinos, él vivía abajo, en la casa de vecinos, y yo arriba, con mi madre. Él estaba por aquel entonces en el Bazar España de dependiente y también era torero.
Todas las niñas iban detrás de él, pero Francisco quería salir conmigo, yo le decía que no, que cuando triunfara en el Toro cómo iba a estar casado con una costurera (sonríe). Bastó que le dijera que no para que al final nos casáramos después de hablarnos unos pocos años de novios. Hasta ahora, que habríamos hecho las Bodas de Oro, el día 6 de febrero. Cuando nos casamos, el vio que no podía sola con el taller de costura y se metió de lleno.
Su marido iba para torero, como cuenta, pero demostró también su arte en estos menesteres.
Claro. Eso lo bordó él (señalando un cuadro de flores bordadas). Él era el que llevaba el negocio entero, yo la aguja y criar a los niños. Era un hombre muy inteligente y muy trabajador. Puso una fábrica de estampados en Villanueva, donde tenemos una finca. Decía que no podíamos tener unas telas como las de todo el mundo y fuimos a Barcelona a comprar una máquina de estampar y hacíamos telas exclusivas de Lina. No paró de trabajar por el negocio, si no llega a ser por él… yo fui solo un cuarenta por ciento.
Y ahora han tomado el relevo sus hijas.
Ellas están muy preparadas y yo ya estoy cansada. Estoy tranquila porque tengo la suerte de que va a continuar Rocío, ella estudió Bellas Artes y Diseño. No sé como no han salido los seis así, porque se han criado a la vera de la máquina de coser en el parquecito, lo han visto desde pequeños.
Entonces, el futuro de la firma Lina está asegurado...
Si Dios quiere sí, ya tiene que responder Rocío. Yo vengo para distraerme.
¿Qué han visto en usted las artistas, para que las más grandes la hayan elegido?
Según mi experiencia, lo más importante es el boca a boca. No se puede decir “soy la mejor” porque te das con un canto en los dientes. El boca a boca es lo mejor. Que digan “oye, hasta mi marido reconoce tus trajes en la Feria” o “me apuesto lo que sea a que ese traje es de Lina”.
Siempre digo que hay que tener presente que eres de Sevilla y sentir y conocer las músicas de Sevilla y Andalucía. Hay muchas y ahí te inspiras, ¡eh! Si las escuchas y las entiendes como yo las he entendido, inspira.
Cuando me viene una artista, lo primero que le pregunto es qué va a cantar, me traen los discos para escucharlos antes y sobre eso, visto la música. La bata de cola, por ejemplo, pone el colorido a la música. Es muy bonito, el querer tanto mi profesión y poderla sentir.
Muchas noches me he despertado pensando en Isabel, Rocío o cualquiera de las que he vestido, saliendo del escenario y no he podido dormir porque ese traje del sueño no me gustaba y pensaba cómo se lo hubiera hecho yo.
Pero también ha vestido a muchas señoras fuera del mundo del Arte, ¿no?
A muchísimas particulares. También a la Duquesa de Alba, que aunque no es artista, su espíritu es artístico. Mira, eso lo pintó ella (señalando un cuadro de su salón), es una de las cosas que guardo con más cariño.
Hasta a la Reina o Grace Kelly han lucido sus trajes, ¿cómo recuerda a la Princesa de Mónaco?
En aquella época venían a la Feria personajes muy importantes, como la Reina Sofía, todavía de Princesa, Jacqueline Kennedy, Ava Gardner o Gracia de Mónaco…
En este caso a mí me hicieron el encargo de vestir a Gracia de Mónaco. Me pidieron que cuando terminaran los toros fuera al Hotel Alfonso XIII a tomarle medidas y me dijeron que tenía que estar el traje terminado al día siguiente a las doce. Estuve toda la noche cosiendo y en menos de un día, se lo entregué y la vestimos en la habitación del hotel.
¿Cómo se sentía ella con el traje?
Parecía que estaba acostumbrada a vestirse de flamenca totalmente, como de toda la vida. ¿Has visto en la foto su estilo, la posición del brazo, del pie?. Y la Reina igual.
Entonces, no hay que ser sevillana o andaluza para lucirlo.
A mí de pequeñita, cuando me llevaban a la Feria de Sevilla, me encantaba vestirme de gitana, no me sentaba por no arrugarme. Mi madre me ayudó a meterme el gusanillo ese del baile dentro. Cuando salí por primera vez a un escenario, en el festival de mi colegio, bailaba y cantaba y mi hermano me decía que cantaba fatal y que pensó en meterse debajo de la butaca para que no lo vieran (sonríe). Mi padre no quería. Yo me presentaba sin cobrar. Recuerdo que pagaban veinticinco pesetas y a mí en vez de pagarme me regalaban a final del año una muñeca. Me lo pasaba tan bien que, recuerdo, con diez u once años, no podía bailar un domingo porque estaba enferma y fui con fiebre y todo.
¿Cómo era María Rosa en su niñez?
No, no, no. He tenido aquí artistas hasta de Colorado. Y tienen una pinta morena que parecen gitanos de La Cava.
¿Y su fama ha hecho que hayan acudido también pidiéndole cosas estrafalarias?
Sí. Una vez una pareja muy famosa, Diana y José, que iban en avioneta y se paraban en las islas de medio mundo donde montaban su espectáculo y me pidieron una bata de cola como si fuera un centauro, ¿tú te imaginas?. O sea, por detrás una bata de cola y todo el cuerpo de punto, que se le notaba su pechera y todo. Él no sé que se pondría, porque yo a los hombres nunca los he vestido, únicamente a Joaquín Cortés con la famosa bata de cola.
¿Como llegó a usted Joaquín Cortés?
Te voy a contar la realidad, a Joaquín Cortés no le he cosido nunca ni a su ballet, a él se lo hacía Armani. Nos llamó la señora que le cuida la ropa y le ayuda a vestirse para ver si podíamos recibirlo para hacerle la bata de cola. Y en la conversación me dijo que le había hecho Armani tres batas de cola y las tres las tenía sin usar porque no podía salir al escenario con eso. Se la hice, le costó un dinero porque era larguísima. Quedó loco de contento, pero después escribieron que se la había hecho Armani. Hubo mucha polémica.
La bata de cola es una de las señas de identidad de la casa.
Yo creo que sí, al menos eso dice la gente.
¿Qué complicación tiene?
Es como si pones a un italiano a que haga un cocido de acelgas (sonríe). ¿Tú me entiendes?.
¿Sabe usted cuántos trajes ha podido hacer en su carrera?
Eso sí que no, te sé decir los hijos que tengo, y el tiempo que llevo casada (sonríe). Pero el cálculo de los trajes tiene que ser muy difícil. De no parar en todo el año.
¿Cómo es su vida fuera del taller?
Lo más tranquilo del mundo. Toda la vida he estado totalmente entregada a mi casa. Cuando iba a las fiestas de fin de curso de mis hijos, iba para ponerlos contentos pero me sentaba en un banco y me quedaba dormida (sonríe).
Te quiero decir que esa vida de salir, de merendar con fulana o con setana, eso de vamos a tomarnos un cafelito, nada, ahora si lo digo. Pero, hacia atrás, mi vida ha sido solo concentrada en mi trabajo. Y he sido muy feliz, no me pesa, si volviera a nacer haría lo mismo que hecho. He tenido mucha suerte
¿Cuál ha sido su mayor suerte?
Encontrar a mi marido, lo repito siempre, pero es que ha sido una confianza tan grande la que me ha dado. Yo creo que se lo debo todo, todo, todo. Además de esa semillita del arte que Dios me dio para inspirarme. Pero mi marido fue un complemento muy grande. Sin él, yo creo que no lo hubiera hecho, ni mucho menos.
Pese a representar la esencia del traje de gitana, usted ha sido también una innovadora, ¿no?
Sinceramente, a mí me gustan todos los trajes que veo. A todos les veo algo. Y cuando llega el momento de ponerme a trabajar no me acuerdo de nadie, hago lo que a mi me sale. Rocío es idéntica en eso. Hay que darle sobriedad al traje para que no pierda nuestra línea.
¿Qué no le puede faltar a un traje de flamenca?
Un volante, un fleco, un lunar, eso es lo gitano, lo flamenco.
El origen está en las ferias de ganado. Por San Miguel, venían las gitanas con los maridos, ellos a vender burros y ellas buñuelos. Y vestían así, iban muy graciosas.
¡Cómo ha cambiado la historia, para que lo hayan llevado hasta reinas!
Sí, sí, se ha hecho muy popular.