Entrevista a ...
S.A.R. LA PRINCESA MARÍA LUISA DE PRUSIA,
CONDESA DE SCHÖNBURG
Su bisabuelo Guillermo II, emperador.

Es una señora muy activa, ¿cómo es el día a día de la Princesa de Prusia?

Me levanto a las ocho y media, voy a hacer Pilates una hora, que es importantísimo, al menos dos veces a la semana, y ya sobre las diez tengo en casa a mi secretaria y amiga para empezar a trabajar hasta el mediodía. Luego almuerzo, muchos días fuera de casa con mi marido. Me gusta dormir una “siestecita”, que es muy importante para poder aguantar la noche que casi siempre se alarga hasta la una o dos de la madrugada, porque tenemos muchas cenas y fiestas. En ese tiempo también estoy trabajando para Concordia aunque no lo parezca, siempre estoy con Concordia en mente…

¿Mantiene relación con su tierra natal?

Al principio, cuando llegué sí, porque la vida fue muy diferente: el clima, el mar…Hubo un momento que eché de menos mi Patria, sobre todo en dos momentos: en Navidades y Pascuas. Para acabar con esa tristeza organicé en casa, en la iglesia, en el hotel…decoraciones navideñas que no se estilaban aquí, porque eran los tres sitios donde más tiempo pasaba. En Semana Santa igual, además de las procesiones y hermandades que yo conocí aquí, traje los conejos, los huevos de Pascua. Siempre organizaba un gran almuerzo, tipo “brunch” los domingos, con dulces especiales que hacíamos en mi tierra y los reproducía aquí…Algo muy importante que hice fue implantar la Fiesta de San Nicolás, porque nadie le conocía en España. Desde pequeña venía San Nicolás a casa y me traía regalitos, nos regañaba si éramos malos (sonríe) y empecé implantando esta fiesta para los empleados del Marbella Club y los clientes. Más adelante, cuando los niños eran ya mayores y sabían que San Nicolás no existía como creían ellos, empecé a organizar San Nicolás en beneficio de Concordia. Todos los cinco de diciembre tenemos aquí una gran fiesta de San Nicolás y recaudamos dinero para la Asociación. Este año hemos sido trescientas personas en Puente Romano y recaudamos setenta y cinco mil euros netos. El secreto es que, con mucho trabajo desde dos meses antes, vamos solicitando artículos a distintas firmas y tiendas de valor mínimo de cincuenta euros y hacemos paquetitos que metemos en bolsas que llevan los voluntarios y los invitados que paguen cincuenta euros pueden meter la mano una vez en la bolsa y siempre ganan algo de al menos cincuenta euros. Muchas veces es de mucho más valor, entonces los invitados se ponen como niños pequeños…En una hora vendimos quinientos regalos…

¿Qué mantiene de europea y qué ha adquirido de los andaluces aparte de la siesta que ya me la ha nombrado?

(Sonríe) Todo. Yo ya no puedo pensar ni vivir en otro sitio. La luz de Andalucía, las plantas, el olor y la gente…La gente es muy abierta, muy simpática, muy fáciles para vivir con ellos. En mi Patria quizás todavía son muy cuadriculados, muy fríos. Los que trabajan conmigo dicen que exijo mucho que voy siempre con el látigo… (Sonríe) porque soy un poco pesada, quiero que salga todo en su tiempo, eso lo conservo de mi tierra. Menos mal que cuento con un magnífico equipo, yo no podría hacerlo todo sola. Hemos crecido mucho en estos dieciséis años en Concordia. Ya tenemos dos centros, en San Pedro de Alcántara y en Fuengirola…tenemos tres coches para ir de arriba abajo, tenemos siete empleados y eso cuesta bastante dinero que debemos sacar de los eventos, ya que no tenemos subvenciones ningunas. Eso es un peso que debemos llevar con disciplina.

Es una señora muy elegante y un referente en la jet marbellí, ¿cuál es el secreto? ¿Qué es la elegancia para María Luisa de Prusia?

Yo creo que no soy una mujer elegante, quizás sé cómo debo vestirme en cada momento, porque es muy importante saber cómo en cada ocasión, que lo aprendí de pequeña, pero elegante no me considero. Trato siempre de no gastar casi nada, de combinar trajes, porque tengo que llevar muchos trajes largos, con la modista reciclamos trajes que me divierte mucho. No me gusta gastar mucho dinero en el vestir.

Aparte de elegante es muy modesta…

(Sonríe)

Dicen algunas feministas que siempre detrás de un gran hombre hay una gran mujer… Le preguntaba al Conde Rudy en verano que cuál era el secreto de un buen relaciones públicas, ¿cuál piensa la Princesa que es?

(Risas). No sé si soy una gran relaciones públicas…Pienso que es muy importante ser agradecido, sobre todo, con la gente que te ayuda. Por cada cosita que recibimos enviamos una carta de agradecimiento porque no es normal que te ayuden. Esos detalles motivan. Soy muy tímida. No soy como mi marido. Él me lleva y gracias a él salgo más, si no quizás me metería más en casa. Debo salir por él y por mi asociación, porque si yo me quedo aquí dentro no puedo encontrar a gente que me pueda ayudar. Es un esfuerzo. El secreto creo que es la importancia del detalle, ser amable con la gente, escucharles…En Marbella hay muchas naciones presentes y quizás tengo el don de unirlos a todos y hacerlos trabajar juntos por una causa y hago que se sientan por tanto unidos. Esto es algo positivo.

Veo en su salón una fotografía de, Federico y Sofía, sus hijos ¿han heredado el don de relaciones públicas de sus padres?

Yo creo que sí. Sofía es como yo un poco tímida. A ella le gusta trabajar mucho pero detrás, sin ser protagonista, como yo, aunque debo serlo…Mi hijo es como mi marido, habla y se lleva bien con todo el mundo, es muy abierto. Al haber nacido con nosotros aquí ha visto cómo relacionarse. Es mucho más fácil moverse siendo de aquí, de Marbella. Hablan cuatro idiomas, porque han convivido con muchas naciones y mucha gente en Marbella. Se sienten por todo ello muy seguros allí donde van.

¿Qué significan para la Princesa?

Todo. Después de la Escuela, hice Puericultura. Después trabajé en distintos hospitales, luego estuve seis meses en Somalia, en África…los niños para mí siempre fueron algo muy importante. Cuando me casé perdí un niño, tuve bastantes complicaciones, y a los seis años vino Sofía, un auténtico regalo de Dios. Cuando estás un poco mayor valoras todo aquello y habiendo sufrido para ello. Son el centro de mi vida. Muchas cosas dejé de hacer por ellos, porque para mí son lo más importante de mi vida. Ya viven independientes, porque deben volar. Gracias a Dios hay Internet, sms y teléfono y puedo estar cerca aunque lejos de ellos.
¿Qué aprendió de su experiencia en Somalia?

Desgraciadamente Somalia protagoniza muchas noticias tristes en los periódicos. Son una gente fenomenal. Tienen muy mala suerte con sus gobiernos. Fue la primera vez que iba a África y para mí fue una aventura. Yo fui a casa de mi cuñado que trabajaba en Somalia con su familia, cuando esperaban su cuarto hijo, y yo iba a cuidárselo. Me encantó conocer toda aquella vida, sus gentes…Cuando me vine lloraba desconsoladamente y, recuerdo, al lado mía, que había un señor que no entendía porqué lloraba y es que yo era realmente feliz allí. Fue una experiencia única. Aprendí mucho, de cómo vive gente tan pobre, cómo tratan a las mujeres con una vida tremenda…también fue bonito ver esa luz distinta que tiene África, los animales, las flores de ese continente…Siempre quieres volver a África y, quizás, también por eso estoy muy feliz aquí, porque Marbella es África en Europa. Los olores, las flores, la luz…Esto me motivo a quedarme.

Edita la revista La Concordia y preside la asociación con el mismo nombre ¿por qué lucha María Luisa de Prusia? ¿Qué persigue?

Trabajo para devolverle a Marbella y a la vida algo de lo mucho que me han dado a mí. En Marbella tuve una gran acogida y si yo puedo serles útil para algo trabajo en ello. Ellos no me hicieron sentir nunca una extranjera, aunque por mis ojos no puedo negar que sigo siendo una “guiri” (sonríe). Intento ayudar a estos pobres enfermos de Sida. Hace dieciséis años vivían fatal y nadie quería saber nada de ellos. Terrible. Recuerdo que cuando empezamos con la cuestación del uno de diciembre, que me iba con la hucha, y la gente me rodeaba con miedo porque creían que yo tenía Sida. Creo que hemos logrado algo muy difícil, que la gente sepa algo más del Sida. Vamos a todos los institutos, asociaciones, en los medios, informando y concienciando a la gente de este mal que nos atiza.

¿Qué es para la Princesa la solidaridad?

Solidaridad es ayudar a los demás. Es vivir para los demás. Si yo soy una princesa, tengo la obligación, creo yo, de ayudar a los demás. Para mí es una obligación, porque para mí es más fácil abrir puertas. Quizás la gente me escucha y por ello es mi deber ayudar. No es una virtud, es una obligación en mi caso.

Sus conciertos, cenas de gala…son muy conocidos por el nivel de sus detalles y sus invitados y es una anfitriona y organizadora de excepción, ¿cómo lo consigue?

Poco a poco he ido mejorando. Cada año, al acabar una gala, hacemos una lista con las cosas que deben ir mejor el año que viene. Al final la gente percibe los detalles. No cada detalle quizás, pero sí el conjunto. Siempre tratamos tenerlo todo esponsorizado, aunque por ello no tengo verano (sonríe). Tú sabes lo difícil que es organizar una gala…y en verano que es lo peor para ello. El calor es una pesadez. Siempre consigo todo gratis: la música, la decoración, los vinos…Tenemos la suerte de organizarlas en Marbella Club que tiene nombre. El año pasado hicimos una basándonos en las Mil y una noches y fue maravilloso. Todo con alfombras, candelabros, violín árabe… Intento que todos aquellos que pagan salgan satisfechos porque, me lo vas a permitir, pero pocos de los que vienen a esta gala vienen por hacer un bien… (Sonríe). Quieren ser vistos, participar y disfrutar esa noche… Entonces creo que es importante cuidar todos los detalles. Todo el que viene repite años tras años. Este año vamos a hacer “Bollywood”, todo con indios, el veinticuatro de julio. El año pasado conseguimos ciento cincuenta mil euros netos en la gala. Tenemos un presupuesto de trescientos mil euros al año y hay que sacarlo.

Si fuese una receta ¿qué ingredientes debe tener una fiesta perfecta?

(Risas) Debe haber mezcla de gentes. Siempre me dicen que por qué no ponemos la entrada más caras que las venderíamos muy bien. Yo no quiero porque quiero que vaya todo tipo de gente. Quiero que vayan los voluntarios que llevan todo el año trabajando en Concordia y que se paguen su cubierto. Esa noche debemos compartirla también con ellos. El ambiente es único porque todos sus invitados así lo intentan. Tenemos muchísimos voluntarios, hijos de amigos, y que son unos veinte. Después los estudiantes de la escuela hostelera son una pieza importante. Intentamos concienciar a todos esos jóvenes en nuestras galas. Hay voluntarios y empleados que trabajan todo el año y que ahorran de sus sueldos para poder participar en esta gala que sienten como suya. La mezcla es importante. También la presencia de muchas naciones. Tenemos indios, rusos, alemanes…Nos hacían falta más españoles, aunque sí los hay. La bebida debe ser buena, una buena actuación, una buena comida, siempre ponemos cuatro platos…Además de la luz. Ponemos aquí todo lleno de velas…

Ha conocido junto al Conde Rudy a personalidades de todo el mundo, ¿qué personajes le han impactado más?

Esa pregunta me la debería haber preparado antes… (Sonríe). Hay muchos y muchos que no me han impactado nada. A mí me gustó mucho conocer a la señora Swarovski, una señora muy elegante, llena de corazón que siempre ayuda. También la Princesa Ira de Furstemberg, que siempre nos apoya. Necesitas a gente conocida para que te echen una mano. Es muy complicado cuando quieres traer a gente conocida a la Gala de la Concordia sin querer pagar un billete de vuelo. Trato que el Marbella Club ponga las habitaciones gratis a estas personalidades al menos. Siempre me preguntan los periodistas que qué famosos vienen cada año y siempre les digo que todo el que paga los trescientos euros del cubierto es famosísimo para mí… (Sonríe). Son muy importantes.

Está claro que el trabajo y los títulos en este caso tampoco están reñidos…

Al revés. El éxito no te lo da el título, te lo da el ser un ejemplo para los otros, trabajando más que ellos para que te reconozcan. El título ayuda un poco al principio porque la gente te recibe aunque sea por mera curiosidad, pero nada más.

¿Pensó alguna vez en acabar en Marbella?

Nunca. Al revés. Recuerdo que tenía unos diecisiete años, estando en el castillo de unos amigos y mirando una revista, cuando vi el Marbella Club y vi a Rudy, con no sé cuántas niñas saliendo del mar (sonríe) y dije “mira, aquí nunca” y mis padres menos… Aquello parecía Sodoma y Gomorra…para nada. Ellos no supieron que al final me acabé escapando de Londres a Marbella porque me lo pidió Rudy. Yo estaba con una amiga y ella me dijo que le había dicho que se quería casar conmigo… (Risas). Entonces yo dije que antes tenía que ver el sitio donde iba a vivir… (Risas). Vine y casi me escapo corriendo porque no entendía una palabra de español. Después, estaban todas las mesas mirándome de arriba abajo. Él tenía treinta y ocho años y yo veinticuatro. Era muy conocido y de pronto viene con una princesa de no se qué extranjera…Todos los invitados, empleados…todos me vigilaban todo el tiempo…Fue fatal aquello. Aunque al final me integré y desde hace mucho tiempo no quiero vivir en otro sitio. Mis niños han nacido aquí. Son malagueños…

¿Es inteligente el Conde Rudy?

Sí y es una persona demasiada buena. No conoce la palabra no. Yo muchas veces le digo “Rudy, no, ene, o”, al menos algunas veces... Siempre a todo y a todos que sí. Pretende ayudar a todos. Él es así feliz.

¿Quién es el Conde Rudy?

Mi marido, querido. Alguien a quien quiero mucho y admiro. Es un hombre muy religioso y admiro como vive su Fe. Desde pequeño con su familia ha vivido la Religión. Para mí es diferente. Los prusianos eran protestantes. Mi madre, católica, pero yo viví entre las dos religiones. Soy católica, practicante y creo en Dios pero no tengo la Fe que tiene él. Eso es lo que le ayuda a ver las cosas de una forma más positiva. Siempre ve el vaso medio lleno y por eso me ayuda mucho. Me anima.

¿Cómo fue su infancia?

Muy feliz. Yo nací justo después de la Guerra, en el cincuenta y cuatro. Cuando eras niño no te dabas cuenta que no había suficiente comida para todos. La pasé en el campo, en un castillo en el Danubio, encima de una roca. Es un castillo medieval, alrededor del cual había mucho campo. Veía el Danubio, los patitos…Viví junto a un establo con vacas, donde aprendí a ordeñar, con caballos, recogía patatas…La vida de casi campesinos me encantó. El olor del pan recién hecho…Esos son los recuerdos de mi infancia.

¿Sabría decirme qué es la Nobleza?

Hoy es muy difícil, porque la Nobleza ha cambiado mucho. Creo que la Nobleza debía haber aprendido de sus antepasados de preocuparse por los demás, de ser un ejemplo, de vivir con ese sentimiento de servicio para el resto de personas. Hoy todo ha cambiado. Es difícil. En España en estos últimos treinta años la vida ha cambiado muchísimo. Si se levantara alguien que murió hace cuarenta años diría que esto no es España. Para mí es muy triste debo decir. La Moral, la Religión, la Juventud…El Gobierno no ayuda mucho a mejorar, todo lo contrario. No sé a dónde vamos a llegar…Todo lo que nos ha llevado a un camino lo están destruyendo y muchos jóvenes confunden entre lo que está bien y mal y cómo deben ir por la vida.

¿Qué relación tiene con la Reina?

La quiero mucho, la añoro muchísimo. La tristeza es que nos vemos muy poco porque ella está muy ocupada como sabéis. La admiro muchísimo. Es una suerte tener una reina como Sofía. Es la madrina de mi hija Sofía…

Texto: Mario Niebla del Toro
Fotos: Raúl Vaquero
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