|
Sombreros canotier y afilados bigotes en los señores, trajes de baño -por llamarle de alguna forma- de intachable castidad en las damas, casetas-vestuario con toldos a rayas, vendedores de barquillos, paseos de forasteros por la orilla tapados hasta las orejas. Esa era la postal en blanco y negro del Sanlúcar de principios del siglo XX, al más puro estilo del Sardinero en Santander o La Concha de San Sebastián. Por Alfonso Pérez-Ventana
|