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puzzles por armar
TERESA ORTÍZ
Subcampeona de Doma Clásica de España
Preparados, listos… Una semana más, se proponía ante mí, un sinfín de actividades de esas que cuando julio se pone agresivo, lo dejan a uno con el ánimo por las baldosas. La mente, esa neblina traicionera, me andaba poniendo a prueba para ver si me distraía, por un momento y le dejaba salir a pasear en cueros. En plena batalla interna, recibí una solicitud para ocupar la mente por al menos una conversación poco habitual y ante el miedo extremo de que mi mente terminara venciéndome, decidí obligarla, ponerme bien la montura y recordarle su obligación de corredor de fondo, entrevistando a Teresa Ortiz.
Estábamos las dos esperando en el vestíbulo de hotel sin reconocernos, hasta que alguien marcó un número y una chica jovencísima que yo había descartado, en un principio, con unos pantalones azules cogió el teléfono. Si se le mira atentamente, se da cuenta uno de que tiene cosas para contar y que, probablemente, por ello, hable poco y las tenga a buen recaudo. A pesar de parecer pequeña en tiempo y espacio, si se le sabe preguntar, le deja a una fuera de los estribos con respuestas que parecen provenir más de un jinete experto como Alejandro Magno que de una chica de veinte años que ha finalizado hace poco el Técnico Deportivo en Equitación nivel II. Esa seguridad aplastante tiene sus motivos. Ahora se los explico.
Es la pequeña de tres hermanos. Sus padres aficionados a los caballos, no se planteaban que su hija se dedicara a la equitación hasta que con ocho años, esta sevillana tranquila y tímida comenzó a subirse a lomos de Sansón, un caballo de la familia que montó durante mucho tiempo, que le enseñó a hablar el idioma equino, le ofreció el reconocimiento en pista con tan solo once y le dio a entender que los animales también respetan El Rocío. “Para mí, es bastante sencillo comprender el lenguaje de los caballos”, me explicó.
Desde hace dos años, da clases en la Escuela del Centro de Equitación del Almensilla, (en la que se introdujo como alumna) a todo tipo de interesados, desde niños de cuatro años a señores hechos y derechos de sesenta. Para ella, la enseñanza, la primera sonrisa del pequeño alumno, tras ver que puede montar o la cara de satisfacción de una persona mayor que cumple un sueño que creía perdido, es una forma de ser lo que le gusta y lo que en sus orígenes, quiso ser. Lo digo con conocimiento de causa, no me pongan a los pies de los caballos, antes de tiempo.
Sus jornadas laborales son casi tan intensas con las largas campañas de las amazonas griegas en Sarmacia. Temprano, a las ocho de la mañana, comienza su día, montado caballos sin parar hasta la hora de comer, en la que descansa, según mis cálculos, algo menos de una hora y media, para comenzar tras el almuerzo, sesiones de clases a las distintas tandas y niveles durante, incluso, cuatro horas sin interrupción. Por si fuera poco, además, imparte clases de equitación terapéutica a niños con autismo o algún tipo de deficiencia física o mental, supongo que cumpliendo con esa vocación inicial de la que le hizo pensar en algún momento, estudiar Educación Especial. Me dijo que no todos los jinetes quieren dedicarse a enseñar porque se trata de un trabajo muy sacrificado y después, de su descripción de rutinas diarias, no quedó otras que comprenderles. También me dijo que no siempre se puede ser el mejor con otras palabras y sonó muy sincero, viviendo de alguien que compite en concursos internacionales y nacionales desde que se acuerda. “De los siete días de la semana, hay dos en los que eres el mejor jinete del mundo, tres en los que eres decente, uno en el que eres regular y otro en el que lo último que debes hacer es subirte a un caballo”, señaló, mientras matizaba con una sonrisa, que ella trabaja de martes a domingo.
Volviendo a las competiciones, es la actual subcampeona de equitación de España. Se quedó a muy poca distancia del alcanzar el primer título, con su actual partner equino CEA Zorro y con la intención, de tratar de conseguirlo en la próxima convocatoria prevista para este octubre. Ha sido tres veces campeona de Andalucía y ha destacado en campeonatos nacionales y de más allá de nuestras fronteras. Cree en el trabajo duro y previo antes de saltar a la pista. “Es un trabajo que viene de atrás. En una pista, no se puede mostrar nada que no se haya trabajado previamente”, afirmó.
Dice que su sueño es llegar a contar con una cuadra de competición propia y poder hacerlo sin dejar de ayudar a los demás. Hablando de sueños, acabo de recordar una frase de John Ray que leí una vez, por algún papel desubicado. Decía que “si los deseos fueran caballos, los mendigos sabrían montar” y me ha venido a la cabeza una extraña y preciosísima convicción, si los mendigos contaran con tutores como Teresa, todos aprenderían en poco tiempo a volver a caminar, aún en lomos de un cómplice peludo y verían cumplidos sus sueños. Espero saber más de esta amazona benévola en los próximos meses y especialmente, poderle felicitar, ya pasado octubre.
Texto: Paloma Guinea
Fotos: Raúl Vaquero
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