Aún recuerdo emocionado en compañía de mi padre desde las primeras butacas del Teatro Lope de Vega, sus últimas palabras mirando a esa gloria dorada y blanca que es la Maestranza…Él es, nuestro mejor embajador de la cultura del toro y nadie como él sabe hablarnos tan cautivadoramente de esta filosofía de vida que diría Gerardo Diego, de esa hora de la verdad que es afrontar la muerte con la dignidad de los artistas más inteligentes.
Si tuviera que escoger entre el centenar de sus libros, metáforas del mejor toreo a pie, sin duda me inclinaría por el dedicado a Ignacio Sánchez Mejías, personaje freudiano y fascinante más propio del Quijote que de un mero rehiletero de Gallito. Si Sánchez-Mejías luchó entre la locura y la cordura, entre la sinrazón y la vida como un sueño o el mecenazgo de la poesía del 27, Don Andrés lo eleva en sus páginas como el Llanto de Lorca a la linde misma de la mitología taurina.
La afición sigue de enhorabuena con Amorós, que permanece abrazado a la última campanada de la fiesta y recoge la antorcha más gloriosa de la mejor crónica taurina en las páginas del Diario ABC. Desde arriba los colosos del periodismo taurino de Prensa Española como “Don Silverio”, Palacio Valdés, “Dulzuras”, Don Gregorio Corrochano, “Giraldillo”, “Selipe”,“Don Jorgito”, El Caña, Cossio y Zabala observaran entusiasmados como por sus mismas hojas vuelven a reverdecer en buena literatura y sentido crítico periodístico, los avatares de nuestra mejor pasión. Como negarse a la evidencia, no me ha quedado otro remedio que suscribirme obligatoriamente por Don Andrés, como perdérmelo si en sus escritos siempre se dan la mano toros y cultura, lenguaje y sociedad, pellizcos del toreo de frente de Manolo Vázquez, la lucidez imperial de Marcial Lalanda, la personalidad de Luis Miguel, el Madrid castizo y costumbrista de la Serna y Cañabate, la prudencia de este nazareno de El Silencio que se acerca sabio y sigilosamente al coso del Baratillo cada primavera para cantarnos las bellezas del toreo, recordándonos que son nuestro ultimo consuelo y la alegría para siempre. Querido maestro, bienvenido y larga vida, que ya iba siendo hora también de abrir velas Doña Catalina…