De Salamanca a Sevilla, de la Glorieta a la Maestranza, de los encinares del campo charro a los acebuchales del bajo Guadalquivir, como en su día hicieran los Lisardos, los Atanasios, los Antonio Pérez de San Fernando o los Galaches, regresaron los toros bravos para volver a explicar el milagro de lo efímero y lo divino que es el toreo.
Parece que fue ayer cuando toree junto a mi amigo Moisés Fraile hijo en la preciosa plaza de toros de Trujillo o en la Monumental de Ávila. Allí, entre ganaderos salamantinos y aficionados prácticos sevillanos comprendí que no existen fronteras geográficas que nos distancien cuando es requerido el rey de la fiesta, al que todos amamos con verdadera pasión.
Los Fraile, que bien saben lo que es criar un toro bravo tan lleno de fuerza como de casta, siguen llevando a gala desde hace tres décadas y casi en solitario, el peso del gran legado ganadero salmantino por todas las grandes ferias del país.
Sevilla, que a punto estuvo de caer rendida a sus pies el año anterior, no lo pudo ver del todo; pero en la pasada Feria de Abril la elección ha sido unánime: El Pilar, con Guajiro a la cabeza, ha sido el mejor exponente de una raza inquebrantable que hace posible que las musas se hagan dueñas de una corrida.
Hermosa cultura la del campo: el ganadero, el conocedor, los caballistas y vaqueros y sus largos inviernos en la soledad del campo esperando el desahije; el herradero, el tentadero de vacas o machos, el eterno saneamiento, el paso lento de las cinco hierbas hasta el angustioso día del embarque y la corrida. Es una escuela de vida en donde sólo los mejores y más adaptados ejemplares son capaces que cambiar el rumbo y destino de un hombre que pone en juego su vida sin reservas, íntegra y total en una santa renunciación. Ésa es su obra.
José Tomás definió a los toros de El Pilar de una manera sencilla y reveladora: toros astifinos y nobles que se vienen sin necesidad de llamarlos. Ese es el verdadero milagro de la bravura, la clase y la grandeza de los toros del Puerto de la Calderilla de divisa verde y blanca. ¿Acaso Salamanca no tiene un poquito el color de nuestra Andalucía?
Así pues, el premio “Al Mejor Toro de Farolillos” en su séptima edición de Onda Cero- Río Grande ha recaído en el toro de la ganadería de “El Pilar” de nombre “Guajiro” número 194 de capa negro zaino y 584 Kg. de peso; correspondido en lidia ordinaria en el quinto lugar y estoqueado por el diestro francés Sebastián Castella el pasado domingo 18 de abril en la última Feria de Abril. Desde aquí felicitamos al ganadero Moisés Fraile y a su mayoral Juan Sánchez, por devolvernos la ilusión de ir a los toros.